Obispo Monseñor Alfredo de la Cruz: «No nos asustemos por los escándalos que salen a la luz; asustémonos del silencio cómplice que los ocultaba»

SAN FRANCISCO DE MACORÍS. – En el marco del Te Deum por el 213 aniversario del natalicio de Juan Pablo Duarte, el obispo de la Diócesis de San Francisco de Macorís afirmó que la sociedad dominicana no debe temer a los escándalos de corrupción que hoy salen a la luz, sino al “silencio cómplice” que permite que estas prácticas se oculten y normalicen.
En su homilía Monseñor Alfredo De La Cruz Baldera, sostuvo que la transparencia, aunque incómoda, es una condición indispensable para sanear la vida pública y reconstruir la confianza ciudadana.
“No nos asustemos por los escándalos que salen a la luz; asustémonos del silencio cómplice que los ocultaba”, expresó, al advertir que el encubrimiento social e institucional es una de las principales causas de la permanencia de la corrupción.
El obispo señaló que cada caso de corrupción que es detectado, denunciado y llevado ante los tribunales debe ser visto como una señal de avance y no como motivo de desánimo, al considerar que la luz sobre los hechos es el primer paso para la justicia y la corrección de las fallas del sistema.
Indicó que una sociedad que teme a la verdad termina atrapada en la impunidad, mientras que una sociedad que enfrenta sus errores puede encaminarse hacia una cultura de legalidad, responsabilidad y respeto al bien común.
En su reflexión, el prelado advirtió que la corrupción no es solo un problema de funcionarios, sino también de una cultura que, en ocasiones, tolera, justifica o se beneficia del desorden institucional, especialmente a través del clientelismo y de prácticas que normalizan el intercambio de favores por apoyo político.
Subrayó que el silencio, la indiferencia y la justificación social de estas conductas constituyen formas de complicidad que debilitan la democracia y traicionan los ideales del Patricio Juan Pablo Duarte.
En el solemne Te Deum, celebrado con la presencia de autoridades civiles y militares, el prelado definió la corrupción no solo como un delito, sino como una «herejía cívica y un pecado mortal social» que divide la casa nacional.
El Ciudadano como Cómplice
Utilizando el adagio popular «tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata», el obispo llama a la consciencia ciudadana y evitar convertinos en cómplices.
“¿Con qué autoridad moral criticamos al funcionario que roba millones, si nosotros en el barrio vendemos nuestra conciencia por una receta, una hoja de zinc o un pica-pollo?”, cuestionó.
“Al hacer eso, le estamos diciendo al político: ‘No me importa tu honestidad, me importa lo que me des ahora’. Y luego, cuando ese político roba para recuperar lo gastado, nos escandalizamos. ¡No seamos fariseos!”, sentenció.
Valoración de la lucha contra la impunidad
El obispo hizo un reconocimiento público a la gestión del presidente Luis Abinader, destacando que se está librando una batalla real donde «aquellos que han traicionado la confianza pública, sin importar su rango o apellido, están siendo llevados a los tribunales».
En ese sentido, insistió en que la ciudadanía no debe añorar el pasado de silencio, sino comprometerse con una cultura donde la denuncia, la fiscalización y la justicia sean vistas como herramientas de saneamiento moral y cívico.
Al concluir, exhortó a gobernantes y ciudadanos a rechazar toda forma de encubrimiento, recordando que una nación solo puede sostenerse sobre la base de la verdad, la justicia y la responsabilidad compartida.
«Si amamos la justicia, la verdad y el servicio, seremos la República que soñó Duarte: libre, feliz y, sobre todo, cristiana», afirmó Monseñor De La Cruz Baldera.





